Antes del diseño, ya estaban las aves

¿Cómo un diseñador llega a ser pajarero?

Por: Raúl Guáqueta
Diseñador, fotógrafo y pajarero
@raul_guaqueta

Quién soy y de dónde vengo

Por allá en 1988, cuando tenía 7 años, asistí con temor a mi primer día de escuela en una zona rural de Sibaté, Cundinamarca, cerca de la capital colombiana. Mi mamá ya me había enseñado a leer y escribir en casa, por lo cual desprenderme de ella fue muy duro. Incluso, mi hermana me acompañaba porque, según ellas, yo regresaba llorando ante el menor descuido de la profesora, quien además enseñaba a otros cursos al mismo tiempo.

La finca de mi papá estaba a unos setecientos metros de distancia. Ahora, haciendo memoria, uno de los primeros recuerdos que tengo relacionado con las aves ocurrió justamente allí, sentado en el salón de clases frente al tablero verde oscuro. La profesora Susana, que calculo tendría unos 55 años en ese momento, nos dejó copiando algunas palabras… y justo allí apareció la palabra “águila”. Lo curioso es que yo la escribí sin la “u” muda que, por norma ortográfica, antecede a la vocal “i”.

La naturaleza en mi vida

Al año siguiente, mis papás decidieron que debíamos estudiar, junto con mi hermano mayor, en la escuela de una vereda cercana llamada Perico. Jamás me he detenido a investigar si hubo algún psitácido en la región que le diera nombre a la vereda; sin embargo, mi papá me contaba que cuando él era niño había muchos animales silvestres en la zona: monos, venados, puercoespines, armadillos, ardillas, entre otros. Eso me parecía fascinante. Sentía ganas de retroceder el tiempo para poder observar y conocer todos esos animales que él mencionaba.

Una tarde, regresando casi al anochecer por el Camino de Arriba —como llamábamos a una de las tres rutas que conducían desde la escuela rural de Perico hacia la finca—, pasábamos en el Nissan Patrol cerca de una curva pronunciada rodeada de arbustos cuando mi papá dijo:

—Miren, un águila. ¿La vieron? La frustración fue grande porque yo no alcancé a verla. Seguramente iba jugando con mi hermano o distraído, como cualquier niño de esa edad, con otros estímulos. Y ahí, entre todas esas anécdotas y mientras crecía, las aves fueron quedando en mis recuerdos de muchas maneras: el canto del copetón en las mañanas, los llamados del cucarachero común cuando alguien se acerca a su nido, o la melodiosa sinfonía de los bababuyes, que durante mucho tiempo confundí con los chilacos.

El diseño y la fotografía

Ya en el bachillerato, que cursamos en Bogotá junto con mi hermano, viajábamos casi todos los fines de semana a la finca para desconectarnos de la ciudad y ayudar en las labores del campo. Recuerdo que muchas veces escuchamos al menos dos cantos de aves que en ese momento parecían enigmáticos y que mi papá, nacido y criado en la región, tampoco sabía identificar.

Décadas después, ya como observador de aves, logré reconocerlos. Eran sonidos recurrentes mientras arreglábamos alguna cerca o revisábamos que las vacas tuvieran agua en sus bebederos. El primero era la seguidilla de notas agitadas del Chamicero Cundiboyacense (Synallaxis subpudica). El segundo, lo que yo describía como un “águila miniatura”, era el canto de la Elaenia Montañera (Elaenia frantzii).

También en el colegio, cuando cursaba noveno grado, una electiva llamada Comunicación Social despertó mi interés por las marcas, la publicidad, el diseño y la fotografía. A comienzos de los años 2000 estudié Diseño y Producción Gráfica y, en 2004, ingresé a estudiar Diseño Gráfico en la Universidad Nacional de Colombia, carrera en la que casi siempre elegía animales o elementos naturales como eje central de mis proyectos. Allí comenzaron a entrelazarse el diseño, la fotografía y la naturaleza.

El inicio del avistamiento

Una mañana de fin de semana, hacia finales de 2018, estaba sentado en el comedor de la finca cuando, a través de la ventana, vi un Gavilán Maromero realizando un vuelo sostenido sobre un potrero en la parte alta del terreno. Me llamó tanto la atención que en ese momento me pregunté:

¿Por qué nunca me he interesado en la fotografía de naturaleza y fauna silvestre, si siempre me gustaron los teleobjetivos cuando vi fotografía en la universidad?

Ahí empezó lo que hoy considero una gran afición y también mi segunda ocupación: el avistamiento y la fotografía de aves. Pero tenía que conocer más acerca de las aves y para empezar, pregunté a mi papá cuáles aves conocía de la región y saliendo a pajarear con mucha frecuencia logré crear un inventario de aves que luego diseñé en forma de fichas. Allí en cada ficha incluía el nombre científico, el nombre común, la fotografía de la especie, y una convención para identificar si yo había tomado la fotografía. 

Participación en eventos

Para 2020 ya apoyaba distintas iniciativas desde el diseño y el avistamiento de aves, como la creación del logo para el Primer Festival de Aves de Cundinamarca. Después llegaron algunos otros festivales regionales y la cocreación del grupo de pajareros de Sibaté, Locos X las Aves.En plena pandemia, junto con un grupo de amigos que nos capacitamos como Informadores de Aviturismo mediante un convenio entre Audubon, Fontur y Mincomercio, creamos el primer curso virtual: Fundamentos para Iniciar en el Avistamiento de Aves, y una cartilla con aves para colorear del municipio de San Antonio del Tequendama. En todas estas iniciativas, el diseño y las aves comenzaron a entrelazarse de una manera natural y profunda en mi vida. Era lo que me gustaba y es algo que hoy también me apasiona.

Bienvenidos todos

Hoy miro atrás y entiendo que las aves llegaron a mi vida mucho antes que el diseño. Pero no compiten; se complementan. En cada salida de observación, en cada taller o charla sobre aves, están presentes sus colores, sus formas, sus texturas y sus cantos. Así que, ahora que usted ha llegado hasta aquí en este relato, solo me queda hacerle una invitación: haga lo que haga, hágalo con pasión, con gusto y, sobre todo, con respeto por la naturaleza.

Y bienvenidos todos al avistamiento de aves. Diseñadores, ingenieros, economistas o cualquiera que sea su profesión u ocupación: las aves siempre tienen algo nuevo que contarle y su mente algo que agradecerle.